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Marta
Ventura
tiene una amplia formación
como terapeuta corporal,
especializada en distintas técnicas como
Zero Balancing, Masaje Sacro-Craneal,
Quiromasaje y otros sistemas de terapia
energética, con los que lleva
trabajando desde hace más de 12
años.
Es instructora de Qigong
(Chi-Kung) reconocida por la Asociación
Catalana de Choy Li Fut, Tai Chi Chuan y
Chi Kung.
Entre 1995 y
2001 codirigió un centro de terapias
alternativas y desarrollo personal en la
zona del Montseny,
Barcelona. Por otra parte, es practicante
de budismo zen desde el
año 1994. Autodidacta e investigadora en
el campo de las herramientas para la
pacificación interior (Paz-Interior), actualmente
dirige talleres de chi kung y retiros de
meditación y silencio por
Cataluña, la Comunidad
Valenciana y Andalucía.
En la actualidad, es
coordinadora en Cataluña de la ONG
Proyecto Ávalon – Iniciativa para una
Cultura de
Paz.
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PRESENTACIÓN PERSONAL
DE MARTA
«Mi infancia y mi juventud
estuvieron marcadas por una intensa
tendencia al recogimiento y la
observación. En aquellos momentos fue
para mí una forma de supervivencia, ya
que me ayudaba a estar en el mundo sin
tener que afrontar todos mis miedos.
Podía pasarme las horas sumida en
ensoñaciones, ausente del mundo. Otras
veces, se me iba el tiempo contemplando
el cielo, las estrellas o, simplemente,
mirando a través de los cristales de una
ventana, observando la vida en el
exterior.
»Lo que nunca llegué a
sospechar es que estas actitudes, que en
un principio hubieran podido parecer poco
saludables, terminarían forjando en mí
cierta habilidad para la
introspección, cosa que resultaría crucial en
mi posterior desarrollo interior, y para la
observación del mundo y de las gentes que me
rodean, lo cual me permitiría sintonizar y
empatizar con los sentimientos de aquellas
personas que vienen a mí buscando
ayuda.
»Desde que era niña, ya en
la escuela, no me pasaba desapercibido el
sufrimiento de los demás, y me rebelaba
en silencio ante las injusticias que se
cometían con otras personas. Sentía
grandes deseos de ayudarlas, pero
entonces me veía incapaz de ello, debido
a mi inercia y a mi falta de coraje.
Antes de empezar ayudar a los demás,
tendría que aprender a ayudarme a mi
misma, tomando las riendas de mi vida y
superando mis miedos.
»Fueron muchos los
años que pasé haciendo un intenso trabajo
conmigo misma, conjugado con una vida de
esposa trabajadora y madre de 4
hijos.
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»Mi primer encuentro con la
que sería mi mayor y mas fructífera
herramienta de trabajo interior tuvo
lugar en 1994, cuando una gran amiga de
entonces me puso en contacto con la
meditación zen y
me presentó a la que hoy en día es una de
mis Maestras. Por discreción, prefiero no
decir su nombre, aunque es una Maestra
bien conocida.
»Pero, por otra parte, me
gustaría recalcar que mi mayor Maestra la
encontré finalmente en mi propio
interior, y que fue ahí donde pude
aprender gran parte de lo que quiero
compartir, desde mi determinación y mi
opción de vida por poner mi granito de
arena para hacer un mundo
mejor.
»A partir de aquel
encuentro con el zen, comenzaron a
sucederse cambios en mi vida, cambios que
me fueron llevando progresivamente a una
completa transformación de mi visión de
la vida y a un estado más lúcido de
consciencia.
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»Mi primer gran salto tuvo
lugar entre 1994 y 1995, cuando abandoné
la empresa familiar en la que trabajaba y
me puse a estudiar, ya con 3 niños, la
carrera de Psicología,
que tuve que abandonar más
adelante.
»Junto con una
amiga, fundé un centro de
terapias alternativas y gestión
emocional en la zona del
Montseny (Barcelona), y fue allí donde
profundicé en las distintas formas de
trabajarse a una misma. Mi encuentro más
profundo con los estratos emocionales más
recónditos y olvidados lo hice durante
los nueve largos meses que estuve
trabajando con la Terapia
Primal, una técnica ciertamente
dura de gestión de las emociones. Aprendí
a base de catarsis. No había sesión que
no me llevara a lo mas oculto de mi misma
para observar lo que había allí. Aprendí
a “conocerme” y a descubrirme. Tanto en
lo relativo a recursos emocionales como
desde un nivel exclusivamente físico,
cualquier fórmula para resolver
conflictos internos me parecía válida
para mi trabajo interior. Tengo un
armario lleno de libretas de notas sobre
mis reflexiones y descubrimientos que dan
fe de ello. Aprendí a utilizar muchísimas
herramientas y practiqué con ellas, y
comencé a desarrollar
mis habilidades para trabajar con
los demás.
»Mi amiga y yo teníamos la
ilusión de poder ofrecer un punto de luz
para los que necesitaran reconfortarse.
Allí empezó mi trabajo real en favor de
un mundo mejor y de apostar por vivir la
vida de otra forma. En ese centro se
trabajó con muchas dinámicas desde la
conexión con la naturaleza y el trabajo
corporal pasando por la música, el color,
el barro, hasta los sueños y la
imaginación activa… Ofrecimos muchos
cursos y muy variados y aprendimos
también herramientas que trasladábamos a
nuestra vida cotidiana sin ningún reparo.
Yo aprendí muchas cosas que me han sido
de gran utilidad y que fueron modelando
mi forma de ver y de vivir el mundo.
Trabajábamos con una gran variedad de
técnicas corporales y también teníamos
espacios para la tertulia, los rituales o
simplemente el préstamo de libros para
quien lo solicitara. Una vez al día, como
mínimo, había un espacio para la
meditación.
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»Mi compañera y yo teníamos
infinidad de conversaciones bellas y
profundas, que apuntaban a ideales de
ayuda a la humanidad. Nos
autoproclamábamos inocentemente
“cuidadoras de almas”.
Ella era una grandísima terapeuta, y me
enseñó aspectos valiosísimos para
acompañar a las personas. Siempre le
estaré agradecida.
»Pero mi mayor reto llegó
en el año 2001, cuando en un salto al
vacío tomé la decisión,
primero, de dejar el
centro donde trabajaba y, después, de
separarme de mi marido, quedándome
prácticamente en la calle, a cargo de mis
4 hijos y con un montón de problemas.
Seguía teniendo miedos, pero
ahora era capaz de sobreponerme a ellos y
hacer lo que en lo más profundo de mi
corazón sentía que quería
hacer.
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»Trabajé muy duro en los
dos años siguientes a mi separación,
tiempo en el que pude comprobar que,
manteniendo mi
disciplina con la meditación, y
con las herramientas adecuadas, podía
superar casi cualquier obstáculo. También
comprobé entonces la eficacia de los
rituales, a los que me
sentía atraída de forma natural y que yo
misma diseñaba según las circunstancias.
En toda aquella empresa por la
supervivencia fui desarrollando la
confianza en mí misma, y pude comprobar
poco a poco que existían en mi un sinfín
de posibilidades por
descubrir.
»En mis esfuerzos por
conseguir un empleo con el cual sacar
adelante a mis hijos terminé trabajando
en una residencia de
ancianos: ocho horas diarias de
trabajo agotador. Me acuerdo
perfectamente del primer día, vestida de
blanco, con los guantes de látex, a las 6
de la mañana y completamente alucinada.
No había trabajado nunca con ancianos y,
¡Dios!, ¡no sabia cómo empezar! Las
habitaciones eran oscuras, no tenia ni
idea de las patologías de cada anciano
(si es que las tenían), no sabía si
podían andar o no, ni siquiera sabía si
tenían lucidez suficiente como para
entenderme. Recuerdo que les pedía perdón
interiormente mil veces por mi
ignorancia. Pero aprendí poco a poco a
estar allí, a conocer a aquellos
ancianos, a respetarles, a escucharles.
No podía evitar hacer mi trabajo desde la
atención más pura (En la práctica
del zen lo llamamos samu). El
ansia con la que esperaban las pocas
visitas que recibían, o las ganas (aunque
tuvieran demencia y “no se enteraran”) de
salir por la puerta de hierro que les
aislaba del mundo exterior, me conmovían
profundamente.
»Hubo muchas situaciones
que me dieron mucho que pensar, como
cuando tenía que limpiarle las heces a
algún anciano que se hallaba totalmente
inconsciente y que ni siquiera podía
quejarse por su situación. Aquello me
impactaba profundamente, y me hacía
comprender el sentido de la
compasión.

Colaborando desde el
Proyecto Ávalon en la campaña Pobreza
Cero
»Pero el cansancio se iba
acumulando. Realmente llegué a sentirme
exhausta, pues muchos días tenía que
empalmar el trabajo en la residencia de
ancianos con otro trabajo en un
restaurante del que, en ocasiones, salía
a las 3 de la madrugada. Otras veces
tenía que trabajar los fines de semana en
un establecimiento de turismo rural,
sirviendo mesas y preparando comidas, y a
veces me tocaba trabajar aún más horas,
pues había celebraciones de bodas u otro
tipo de banquetes.
»Mi salud física se
deterioró enormemente en aquella
época. Estaba cansada, muy cansada.
Pero, extrañamente, seguía sin
escapárseme nada del mundo emocional que
me rodeaba, aunque de algunas cosas tomé
consciencia tiempo después de salir de
allí. Cada sentimiento de tristeza, de
frustración, de soledad, de pena, se me
iban adhiriendo sin darme cuenta. Me
dolía la situación de todos aquellos
ancianos.
»Finalmente encontré otro
trabajo menos exigente con mis fuerzas,
pero mi vida continuó con la
determinación de salir adelante, fuera
cual fuera el precio. Como ya tenía el
Practicioner en
Esencias Florales de
Bach y ya trabajaba en consulta
haciendo masaje
terapéutico, decidí completar mi
formación con distintas técnicas
corporales para poder disponer de más
herramientas. Acabé mi diplomatura en
Zero Balancing y me
formé en quiromasaje,
masaje sacro-craneal, drenaje
linfático post traumático y
reflexoterapia. Más
recientemente me interesé en las terapias
energéticas, y estuve realizando un curso
de medicina nativa
americana en
Holanda
»Pero, para entonces, la
vida me había hecho uno de los mayores
regalos que hubiera podido esperar: el
Amor.
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Con Grian,
recorriendo de la mano los bosques
del Montseny
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»Como dirían las mujeres
nativas americanas, llegó el
"Caminante de Mis
Sueños", y llegó cuando ya no lo
buscaba. Él me ayudó, desde el cariño y
la entrega mas inmensos que he conocido,
a experimentar la locura de amar sin
condiciones. Se abrió un mundo de
descubrimiento mutuo en todas nuestras
facetas, con larguísimas conversaciones,
con viajes inenarrables, con risas y
llantos, y con una pasión desbordante…
Vida en estado
puro
»Lo más maravilloso del
mundo es poder llorar de amor cuando te
relacionas con tu amado, pues te
conviertes en uno solo y nada esta fuera
de si.
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»Grian es
mi compañero, el hombre con quien
comparto mi vida en estos momentos, y no
engaño a nadie si confieso que, para mí,
ha sido una auténtica
bendición.
»Otro campo en el que he
venido trabajando en los últimos años ha
sido el de la energética
china, en el que me he formado
como instructora de
QiGong (Chi kung)
durante dos años al cabo de los cuales
fui reconocida por la Asociació
Catalana de Choy Li Fut, Tai Chi Chuan y
Chi
Kung.
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»He estado durante tres
años consecutivos dando talleres de la
mano de un gran amigo, un enamorado del
trabajo con la energía al cual estoy
profundamente agradecida y del que he
aprendido numerosas facetas del
Qigong.
»Llevo trabajando como
terapeuta corporal desde hace mas de 12
años. Por otra parte, soy practicante de
budismo zen desde el año 1994.
Autodidacta e investigadora en el campo
de las herramientas para la pacificación
interior, en la actualidad dirijo
talleres de Chi Kung y retiros de
meditación y silencio por Cataluña,
Valencia y Andalucía. Por otra parte, soy
la coordinadora en Cataluña de la ONG
Proyecto Ávalon – Iniciativa para una
Cultura de Paz.
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En Navidad,
maquillando a los niños en un acto de
recogida de juguetes bélicos del Proyecto
Ávalon
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»No quiero acabar sin
hablar de mi hermana gemela,
Anna, que me mostró muchas veces
el sendero del coraje, por su complicidad
e incondicionalidad; y, al igual
que mi hermana
Carmen, por su enorme
compasión y capacidad de
entrega. Cómo no hablar también de
mis grandes Maestros, mis cuatro
hijos, David, Mireia, Ànnia y
Martí. A través de ellos, y con
ellos, he aprendido las mas grandes
lecciones de la vida. Son seres por los
que siento un enorme amor, respeto y
admiración, por los grandes valores que
me han transmitido. En ellos he visto
compasión, bondad, valentía, humildad,
altruismo y determinación. Ellos, como
otros muchos jóvenes, están haciendo
un enorme esfuerzo por adaptarse a la realidad
que les hemos legado, y sin embargo también
están intentando plasmar valores importantes y
determinantes a la hora de hacer y fabricar un
mundo mejor. Estoy muy agradecida y orgullosa
de ellos.
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»Tampoco quiero olvidar ni
transmitir el profundo
agradecimiento y respeto que siento por
mis padres. En mi padre vi la
enorme determinación y carisma que se
puede tener cuando se cree firmemente en
algo, y mi madre es la que me enseñó que
más allá de cualquier ideología religiosa
todos somos Uno. Ellos me dieron la
libertad de elección en mi vida aunque en
muchas ocasiones lo interpretara
erróneamente y no supiera hacer una buena
lectura de lo que eso significaba. Hoy
sé, como persona que vivo en este
mundo, como madre y como compañera, que
la libertad de elección es uno de los
mayores regalos que te puede dar la vida.
Tu gran responsabilidad es saberlo
aprovechar.
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“Te ruego que veas todo
lo existente como vacío, y te cuides de
tomar como real lo inexistente. Se
cuidadoso en este mundo de sombras y
ecos.”
P'ang Yun, instantes
antes de morir
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»Todo tiene una razón de
ser, todo tiene una lectura. No hay nada
fuera de si. Todo está bien.
GRACIAS».
Marta
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